My primer encuentro con los muchachos de IPODERAC fue cuando fui voluntaria a los dieciocho años de edad, y fui conmovida por mi experiencia ahí. Los muchachos de IPODERAC vienen de todas partes del país. Muchos se escaparon de sus casas abusivas y vivían en las calles durante meses e inclusos años antes de llegar a IPODERAC. Muchos de ellos nunca han podido confiar en un adulto antes de ingresar a IPODERAC, pero ellos rápidamente aprenden a cuidarse entre sí. Once años después de voluntariar, encontré un cuaderno que mantuve en mi tiempo ahí. En él, había escrito que juraba regresar a IPODERAC y hacer un documental. Regrese para cumplir esa promesa.


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